Niños agresivos, ¿una cuestión de energía?

Psicología

31/05/2017


nina golpeando padre

 

Algunos padres sufren a diario situaciones como la siguiente: se le niega algo al niño y responde pegando a su madre o a otros niños en el parque o colegio. A veces incluso, sin mediar razón alguna, suelta la mano, insulta o muerde. Este problema, que es más común de lo que imaginamos, es desgraciadamente habitual para muchos padres y está basado en una interpretación negativa de la agresividad.

La agresividad es en cierto sentido el contrario del miedo. Los horarios rígidos o la no-escucha son errores básicos que cometemos a los que se une un tercero: las inhibiciones morales que les planteamos. Muchas veces contraatacamos a sus “¡no!” y “mío” con un “tienes que compartir” que implica violencia verbal por nuestra parte. Los niños desarrollan sentimientos de rabia cuando invadimos su espacio, alteramos su orden de las cosas o sufren algún abuso.

Hay que distinguir entre agresividad y destructividad. Abrazar y pegar son dos caras de una misma moneda: el comportamiento expansivo basado en la confianza y la dominación. Es al frustrar/reprimir las formas positivas en que se manifiesta ese comportamiento cuando nuestro hijo se deja llevar por el lado oscuro de la fuerza. El secreto está en orientar ese impulso hacia los abrazos, no hacia los mordiscos.

niños tirándose del pelo

 

Canaliza la energía de tu hijo de forma positiva

¿Se trata de dejar a los niños hacer lo que quieran? No. Debemos ponerle límites, pero también debemos enseñarles cómo reaccionar ante la frustración que ello provoca. Tu actitud debe ser firme pero relajada, y sobre todo muy dialogante, es esencial que no reacciones a la violencia de tu hijo de la misma manera. Informa a otros adultos implicados (abuelos, otros padres) de tu plan y asegúrate de que lo siguen.

Déjales claro lo que no se puede hacer, y apóyate en la empatía para explicarte, haciendo que se ponga en el lugar de la otra persona.  Dale alternativas para expresarse y refuerza sus comportamientos positivos. No está de más anotar las reacciones destructivas de tu hijo, cuándo y por qué ocurren, para ayudarte.

La actividad física es una herramienta fundamental para canalizar la energía. El deporte es una estupenda manera de reconducir impulsos agresivos. La competición y el trabajo en equipo son una excelente alternativa a, por ejemplo, muchas horas de televisión o videojuegos; suena a tópico, pero es un arma casi infalible.

 

Niños no violentos vs la violencia

“Crío a mi hijo sobre la base del apego pero le cuesta entender y reaccionar cuando ve o vive una situación violenta”. Esta también es una cuestión habitual entre los padres que han elegido esa opción de crianza. El niño no sabe cómo reaccionar ante una escena violenta en la televisión en la que dos hermanos se pegan o se empujan. No se les puede encapsular, debemos explicarles qué es la violencia, por qué ocurre y que no está bien, para que así puedan comprender esa faceta del comportamiento humano.

Por otra parte, debes inculcarle nociones de respeto. Esto significa que tú respetes sus conductas (no le fuerces a besar a un señor que no conoce) y le muestres la noción de respeto por sí mismo, marcando los límites de lo tolerable.

¿Cuándo y cómo intervenir? Primero, hay que distinguir entre juegos de lucha y violencia; la segunda empieza cuando el primero no es disfrutado o querido por los participantes. Tú estás ahí para que tu hijo se sienta seguro, pero eso no significa intervenir constantemente. Puedes intervenir en las peleas entre bebés, por ejemplo, o para evitar el agobio de los besos a los conocidos; haz que tu hijo sienta que estás de su lado. Crecerá en confianza, estés o no tú delante.

Intervén a través del diálogo. Habla con tu hijo abiertamente acerca de las situaciones violentas que ve o vive. Si un niño se pone demasiado violento con tu hijo o al revés, intervén parando al agresor, y explicándole que al otro no le gusta su conducta, que no es tolerable. En ocasiones es útil plantearlas en juegos de rol en casa con los muñecos.

Como siempre, y a modo de conclusión, recuerda que nuestros hijos aprenden muchísimo de nosotros, sus padres. Analiza tu comportamiento y procura minimizar las conductas concretas que no quisieras ver en él.

No es nada fácil, así que si puedes contar con tu pareja o algún familiar para hacerlo entre los dos, mucho mejor :) 

 

 

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